¿Cuánto inviertes en ti?

Porque todos tenemos cosas por hacer, pero siento que aunque tuviéramos el tiempo libre para dedicarnos a trabajar en nosotros, sentimos una resistencia a chocarnos con esa realidad interna. Mirarnos cuesta, porque significa poner cara a los líos que traemos, los cuales tal vez no sean dos o tres, y aunque lo fueran, sabes que no se solucionarán de la noche a la mañana. No nos gusta mirar a dentro, porque nos recuerda que aunque nos quejemos de la sociedad, de nuestra familia, del pasado, o de cualquier cosa a la que le echemos la culpa de lo que sentimos, la única persona responsable de solucionarlo eres tú, y eso pesa.

Y claro que pesa, si ya llevas tiempo con esto, distrayéndote con lo que encuentres (exceso de trabajo, alcohol, internet y un largo etc.) Además sé que no es fácil, porque no sabemos por dónde comenzar, nos sentimos abrumados, es más sencillo tapar la incomodidad, que sentirla.

Pero haz un alto y pregúntate ¿Qué tanto pesa eso que traes dentro? Porque aunque sea vea complicado, valdrá la pena. Escucharte te dará las pistas para encontrar un camino que sea más cómodo y más rico de transitar.

Por eso invierte tiempo en ti, para comprender hacia donde te quieres dirigir, para meditar y reflexionar sobre lo que quieres de tu vida. Invierte dinero para tomar esa terapia o ese curso, que dentro de ti sabes que te ayudará a aclararte. Busca las herramientas, porque nadie mejor que tú siente lo que estás viviendo, eres el único que puede decidir cambiar el curso de tu vida para descubrir las experiencias que te traen dicha y te recuerdan lo hermoso que es vivir. 

Control

Lo único seguro, en esta vida, es el cambio. Y es, según mi experiencia personal, la resistencia a permanecer inamovibles, cómodos y aburridos, la mejor oportunidad que tiene el universo para ponerte en frente a la ansiedad.

Queremos ejercer control sobre todo, nuestro futuro, las personas que nos rodean, las situaciones que diariamente enfrentamos, y hasta aquellas que fuera de nuestras capacidades, ocurren en el mundo. Sobre la naturaleza misma, los desastres naturales y hasta sobre el final de nuestra existencia. Es esta, la única forma de permanecer “tranquilos” que hemos encontrado, aunque no creo que nos funcione muy bien.

Sin irnos a los extremos. El equilibrio entre: el control y la confianza que todo va a estar bien, me parece la relación más sana con nuestro presente. Comprender, en verdad, sentarnos a pensar: de esto que me está atormentando, ¿hay algo que pueda hacer para solucionarlo? Hacer lo que podemos, y contentarnos con ello. Porque estoy segura que si tanto nos preocupa, pondremos lo mejor de nosotros, con los recursos y las condiciones que tengamos en el momento, para resolver el problema.

No obstante,  podríamos practicar y aprender que la vida nos protege, o Dios, el universo. Confiar que si durante los “x” años que estamos en este mundo, hemos logrado llegar hasta aquí (y si estás leyendo esto quiere decir que estas vivo) entonces aprender a aceptar, que aunque hayan y seguro habrán problemas en tu día a día, estarás bien. No tienes que desvivirte por controlar todo, tal vez es momento de disfrutar poco a poco, sin ninguna otra necesidad más que de respirar. ¿Cuántos años más vas esperar que pasen para empezar a disfrutar el ahora? 

Propósito

Dejas de soñar, porque soñar las cosas fantásticas que solías imaginar de niña, se te hacen difíciles de concretar. Dejas de soñar porque te has dado cuenta  que no te llevará a ninguna parte. Sí en algún momento lo hiciste, ahí quedó. Porque ahora… mírate ¿Es acaso la vida que habías soñado?

Seguro que no, porque además el mundo está cada vez peor. Terrorismo, guerras, contaminación, desastres, enfermedades, cáncer, y la lista continuaría. Nada puedes hacer tú, para remediar eso. Y eso no te ayuda para lograr el mundo perfecto, ese el de tus sueños.

Pero, ¿Al menos lo intentaste? Me refiero, a que si al menos te permitiste visualizarlo. ¿Se lo comentaste a alguien? ¿Cuánto esfuerzo, le dedicaste? ¿Cuánto tiempo? Un minuto, una hora, un mes o un año. ¿Pediste ayuda para lograrlo? ¿De cuántas personas, que vivían la idea de tus sueños, te rodeaste?

Creo firmemente  que cada persona viene aquí con un propósito. Y te acercas más a él cuando de atreves a soñar, pero no solo visualizando lo que deseas, sino dedicándote a ello. Haciendo las cosas que te apasionan, dejando que se expresen en ti. Sin tener vergüenza del que dirán. Porque he podido comprobar, que cuando actúas conforme a lo que se mueve dentro de ti, las personas te ven y te tratan diferente. No necesitas cambiar, no necesitar poner brillo y escarcha a tu alrededor. Porque dentro de ti, siempre hubo, hay y habrá esa luz.

Necesitamos más personas que se atrevan iluminar este mundo, no te pido que encuentres la cura para el cáncer, sino que vivas una vida de amor, contigo mismo al seguir tu propósito, y seas luz para aquellos que te rodean. 

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Tranquila

Durante el periodo de recuperación, en mi experiencia, logré identificar algunas de las razones por las que la ansiedad llegó a mi vida. Después de pensar ¿qué podría haber sucedido, si  llevaba una vida bastante tranquila? Era una persona que no le gustaban los problemas, porque simplemente no me gustan las discusiones, decir lo que me molesta ¿Para qué? Al rato me pasaba, y seguro me ahorraba debatir mis ideas con otra persona.

Tampoco me gustaban las emociones demasiado fuertes, dígase por ejemplo, la ira al punto de golpear a alguien o la tristeza que te lleva a llorar desgarradamente. Y no pienso que ahora eso sea totalmente justificado, a lo que me refiero es la manera como evitaba cualquier tipo de situación que pudiera desencadenar algo así.

Continuando con mi idea de vida perfecta. Estaba el disfrutar de mi soledad, encerrada en mi cuarto, sin relacionarme más que con las personas con las que hablar era absolutamente necesario, así no lastimaba a nadie y nadie me lastimaba a mí.

Bueno que más puedo decir, me consideraba como una chica tímida, callada, amable (muy amable), siempre tenía una sonrisa en la boca. Muy pocas personas me habían visto mal, y de seguro hubiera muerto de la vergüenza de saber que alguien me imaginaba fuera de control.

Sumado a eso, me esforzaba en el colegio, era una chica muy aplicada. No me gustaba beber en exceso, ni desvelarme por las noches. Así que, concluiremos que era una chica “tranquila”.

Tranquila. Casi así como un muerto en su ataúd. Si aún no entiendes mi punto, te lo pondré así. ¡NO ESTABA VIVIENDO! me esforzaba tanto por cuidar esa idea de chica tranquila, que mi vida llegaba a ser monótona y aburrida, el espacio donde me desenvolvía se estaba reduciendo cada vez más. Y llegó la ansiedad… ¡Bendita sea!

Gracias a ella puedo atreverme a decir lo que me molesta y  ahorrarme disgustos, sí, pero por conversar las cosas y solucionarlas, no por tragarme el coraje.

Me hizo más humana, ahora puedo llorar y enojarme, sabiendo que es una emoción de ese momento y de esa experiencia en específico, que es parte de la vida, y no siempre estaré triste, también estaré emocionada o explotando de risa.

En cuanto a las personas y el daño emocional que puedan hacerme, me mostró que cada persona es un mundo, y que siempre tendrán algo que me permitirá conocerme y crecer como ser humano. ¡Ah! Y que no soy tímida. Soy una chica que le gusta empezar una conversación de la nada y a veces no. Ni soy tan amable. Soy libre de elegir. Tengo días malos, y no tengo que fingir estar bien.

Pero sobretodo aprendí que habían personas a mi alrededor que me amaban, aún en mi momento más vulnerable. Como también muchas cosas que me ilusionaban y que me encantaría intentar hacer realidad, pero para eso debía atreverme a vivir.

¿Y tú, te atreves? 

 

Depresión

Escucho a menudo a personas referirse a la tristeza como depresión, reduciéndola a una emoción pasajera, cuando definitivamente no se siente de esa manera. La depresión es incómoda, pesada, como si no pudieras seguir  adelante, nada tiene sentido, ni vale la pena. Así la sentí yo, y digo sentí, porque la depresión no te quita capacidades, aunque tú sientas lo contrario, y no le quita importancia o valor a las cosas que valen la pena.

La depresión me ayudó a cambiar mi forma de pensar, a sentir que tengo el control de mi vida y hacerme responsable de ella, desmintiendo tantas condiciones para sentirme bien. Porque no necesitaba ser la mejor de la clase, para disfrutar de la escuela, ni necesitaba ser la más hermosa, para saber que me merecía amor, tampoco necesitaba de obtener grandes logros para saber que merecía gozar de mi día. Tuve que suavizar mi manera estricta de hablarme y tener más paciencia con mis capacidades. Antes, podía asegurar que el éxito de una persona era cuán ocupada y llena de trabajos por hacer estuviera su vida, sentada en algún alto cargo de alguna empresa, con el celular siempre pegado a la oreja,  y afirmando que no tenía tiempo para cosas secundarias que no fueran su trabajo. Ahora, para mí, el éxito de una persona está en la medida que es capaz de disfrutar de las actividades que realiza, siendo responsable de elegir a lo que quiere dedicar su tiempo.

Para mí, la depresión y la ansiedad son solo el camino hacía una relación de amor con uno mismo, porque si fueras la persona que más amas en el mundo, ¿A qué dedicarías tu tiempo?  

Valor como persona

La imagen que tenías antes de que llegase la ansiedad a tu vida, estoy más que segura que era mostrarte capaz, bajo control, inteligente, o físicamente atractivo, y si no era una de estas, puede que tengas «algo» a lo que te aferrabas fuertemente en demostrar que por ello merecías un lugar en este mundo. Pero es cuando la ansiedad llega… y dudas, te comienzas a preguntar sí todo eso que tú creías lo más importante es suficiente ahora que tienes ansiedad. Me refiero, hora que sientes que tu cuerpo tiene todos estos síntomas, que tienes ganas de salir corriendo en situaciones que te representan un peligro cuando para otros no, o que simplemente llevas disimulando tanto tiempo que te sientes cansado ya de seguir luchando día a día.
La inseguridad que se siente de ¿Me aceptarán, me querrán, aún cuando estoy todo falloso?
Es normal que pases por este tipo de interrogantes, y es qué son necesarias. Necesarias porque tienes ideas equivocadas de tu valor interno. No eres merecedor de amor solo por tus cualidades físicas, ni por tus capacidades intelectuales, mucho menos por una sola de esas cosas. Mereces amor solo por el hecho de existir, porque eres un milagro que miles de células logran tener en pie, porque además de las cualidades que tienes son el conjunto de todo tu ser lo que hace ser único, son tus anhelos más profundo llenos de bienestar y felicidad los que te hacen especial. Y la ansiedad llega moverte el piso, y reconectarte con lo que eres, para que dejes de buscar la aprobación externa y mires hacía dentro, a el lugar donde están ocurriendo esas molestias, para que empieces a trabajar en ellas, la idea de creer que eres mejor que los demás, cuando es mejor mudar de pensamiento a «mereces amor, tanto amor como todos. »
Recuerda que  la ansiedad no es una enfermedad a la que estás condenado a soportar, es tan solo el camino que debes de recorrer, tomando en cuenta las señales que te presenta, te aseguro que te llevará a un inicio de una vida que será mucho más trascendente solo porque es tuya.

Día a día

He podido notar la manera como muchos de nosotros nos conformamos con una vida monótona, aburrida. El inicio de clases o el inicio de trabajo para algunos, estoy segura que para la gran mayoría es sinónimo de stress y cero ganas de despertar el lunes por la mañana. Es por esto que he decido aplicar en mi vida pequeños cambios,  porque estoy segura que no es el momento de dejar la universidad habiendo llegado al noveno ciclo, y supongo que será lo mismo para los que trabajan, con la crisis económica actual.

A lo que me refiero, es que no tienes que cambiar de vida, no tienes que volver a nacer (y aunque quisieras no podrías, lo lamento) así que decide hacerte responsable de la situación que tienes en frente, ahora mismo. Te invito a cuestionarte, cada momento que logres recordarlo, y poco a poco más frecuente, ¿Estoy cómodx ahora? Presta atención a tu cuerpo, dale lo que te está pidiendo. Con esto no quiero decir, que pidas vacaciones, y te las des. Sino más bien detalles, como agua, alimento, comodidad en tu postura a la hora de estar sentado o parado, o tal vez necesitas estirarte, hablar con alguien o simplemente tomarte cinco minutos. Es empezar una relación de conocimiento con uno mismo, de amor y cuidado. También puedes añadir a tu día cosas que te alegren solo con verlas, como el color de tu habitación, poner flores, escuchar música, usar lapiceros de colores diferentes, colocar notas con frases agradables, tener imágenes graciosas cerca, o un fondo de pantalla que te guste, mensajes que te recuerden algo bonito, pequeños detalles contigo mismo.

flores

Y luego que vayas cambiando pequeñas cosas, empezarás con otras que necesitan más tiempo, como son los hobbies, aquellos que en verdad disfrutes. Aquí quiero que te cuestiones, si las cosas que estás haciendo para entretenerte realmente te desconectan. A mí me pasó con una serie que veían online, era en verdad emocionante, viéndola me olvidaba de todo, pero ¿qué pasaba?, que cuando terminaba de verla, me dejaba esa sensación de “quiero más”, terminaba viendo cinco capítulos seguidos, con lo que se me pasaba medio día, descubrí que no me sentía bien al darme cuenta que pude dedicarme a hacer cosas que me hacían sentir mejor. Por ejemplo, he empezado a hacer yoga, al final de cada sesión, terminas con una sensación de relajación, de tranquilidad, y llena de energía para hacer otras cosas. Para ti puede ser, meditar, hacer algún deporte, pintar, cantar, pero es importante que lo disfrutes y evalúes la sensación que trae consigo.

Y tal vez pienses, “no tengo tiempo”. Y como yo en un inicio te habría dicho, yo tampoco. Pero me di cuenta de dos cosas importantes. Primero, la tecnología. Analicé, qué actividad durante el día hacía, que me ocupaba tanto tiempo y estaba dispuesta a sacrificar, ya que obviamente no me hacía sentir satisfecha. Noté que entraba a todas mis redes sociales, sin ningún objetivo en específico, y por largos periodos de tiempo. Este tema es muy común, yo decidí cambiar este hábito. En segundo lugar, si me dices que no tienes tiempo para hacer cosas que realmente disfrutas, que te hacen sentir vivo, decirlo ya es lamentable, porque si no quieres vivir tú, ¡nadie más va a hacerlo por ti!