Movimiento

Sé lo bien que me hace sentir moverme, lo sé por experiencia. Después de hacer baile, salir a correr o practicar yoga, siento esa sensación de bienestar, que otras actividades no me ofrecen. ¡Qué lindo es el movimiento!

Pero ahí  estoy yo, dos semanas  sin moverme más que del cuarto a la cocina o al baño, a veces pienso que esto de tener tiempo libre no es lo mío (pero ese es otra publicación). La cuestión aquí es que aún sabiendo lo bien que me hace física y mentalmente el movimiento, no lo practico, ya sea porque no estoy motivada o porque tengo a la pereza arraigada en el hueso.

Por esta razón, estoy escribiendo, porque hoy después de todo ese tiempo, he practicado yoga (aplausos, por favor) y he sido consciente de los beneficios que me da, con tan solo media hora de practica.

Antes de comenzar estaba pegada al celular, sentía una sensación de incomodidad interna (ansiedad mode on), mientras estaba haciendo un stalkeo intenso a gente que ni conozco, la sensación interna de incomodidad creció un poquito más, aunque intentaba no prestarle mucha atención. Así que decidí hacer yoga, como para hacer algo más productivo. Emocionalmente, me sentía desorientada, como cuando las cosas te van y te vienen.

Durante la practica, a mi cuerpo le costaba estirarse durante algunas posturas, me mareaba pararme luego de tener la cabeza abajo. Mi mente aún dispersa, pensaba en lo fácil que es perder la movilidad cuando un se limita a caminar solamente.  Apareció en mí ese juez interno que te llena de deberías: deberías hacer más ejercicio, deberías hacerlo mucho mejor, deberías dedicar mínimo media hora al día, deberías comer saludable, deberías, deberías, deberías. Tal vez sí debería, pero no desde la autoexigencia, sino más bien desde la compasión y el amor.

Volviendo al tema, mientras la practica se hacia más retadora, mi mente comenzaba a disfrutar de intentar cosas nuevas, como el parado de cabeza, la sensación de poder utilizar mi cuerpo más que para movilizarme a lo largo del día es alegría pura, sentir como mi mente y mi cuerpo se vuelven uno mientras intento encontrar el equilibrio durante una postura, me devuelve las ganas de ejercitarme más seguido, ver el sudor que cae al mat me hace imaginar cada célula de mi cuerpo poniendo lo mejor de sí durante esos minutos.

En conclusión, Kathy, por favor, dedica más tiempo a moverte, no solo para estar delgada (que sabemos siempre hay algo de eso en la motivación) sino más bien para ver esa mirada en el espejo orgullosa, que nos lanzamos, luego de hacer cualquier tipo de entrenamiento, ¡hasta nos regresan las ganas de comer saludable! No se diga más, mañana comenzamos de nuevo. 

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Perfeccionista anónima

Dejé de escribir, dejé de hacerlo por tiempo, pero sobretodo por miedo, por miedo a mostrarme aún vulnerable frente a la ansiedad, quería compartir. Eso es cierto. Quería compartir y ayudar. Pero, ahora no, porque no estoy perfectamente bien, porque no he salido de esto al 100%, porque ¿qué clase de ayuda podría ofrecer yo, que aún lo sigo intentando? 

La verdad es que yo inicié esto para ordenar mi ideas, registrar los mejores momentos de lucidez, para luego poder releerlos y volver a ponerlos en práctica. El que quiera seguirme que me siga, pero no esperen de mí una influencer ( seguro no lo esperaban, pero yo sí) porque ya desde chiquita me decían, si vas a hacer algo, hazlo bien. Entonces, yo, como buena niña, obediente, me partí la madre, dejé mi alma en ello, esperando que una vez hecho todo bien, pues logrará sentirme a gusto. ¿Qué creen? Apareció la ansiedad jajaja.

Así que hoy, regreso, como una perfeccionista en recuperación. Desde el grupo de perfeccionistas anónimos les escribo, para decirles, más que a ustedes a mi misma, que vengo a mostrarme lo más humanamente posible (con errores y todo) en cada publicación. 

Hola, soy Katheleen, pero me gusta que me digan Kathy, mucho gusto 

¿Cuánto inviertes en ti?

Porque todos tenemos cosas por hacer, pero siento que aunque tuviéramos el tiempo libre para dedicarnos a trabajar en nosotros, sentimos una resistencia a chocarnos con esa realidad interna. Mirarnos cuesta, porque significa poner cara a los líos que traemos, los cuales tal vez no sean dos o tres, y aunque lo fueran, sabes que no se solucionarán de la noche a la mañana. No nos gusta mirar a dentro, porque nos recuerda que aunque nos quejemos de la sociedad, de nuestra familia, del pasado, o de cualquier cosa a la que le echemos la culpa de lo que sentimos, la única persona responsable de solucionarlo eres tú, y eso pesa.

Y claro que pesa, si ya llevas tiempo con esto, distrayéndote con lo que encuentres (exceso de trabajo, alcohol, internet y un largo etc.) Además sé que no es fácil, porque no sabemos por dónde comenzar, nos sentimos abrumados, es más sencillo tapar la incomodidad, que sentirla.

Pero haz un alto y pregúntate ¿Qué tanto pesa eso que traes dentro? Porque aunque sea vea complicado, valdrá la pena. Escucharte te dará las pistas para encontrar un camino que sea más cómodo y más rico de transitar.

Por eso invierte tiempo en ti, para comprender hacia donde te quieres dirigir, para meditar y reflexionar sobre lo que quieres de tu vida. Invierte dinero para tomar esa terapia o ese curso, que dentro de ti sabes que te ayudará a aclararte. Busca las herramientas, porque nadie mejor que tú siente lo que estás viviendo, eres el único que puede decidir cambiar el curso de tu vida para descubrir las experiencias que te traen dicha y te recuerdan lo hermoso que es vivir. 

Control

Lo único seguro, en esta vida, es el cambio. Y es, según mi experiencia personal, la resistencia a permanecer inamovibles, cómodos y aburridos, la mejor oportunidad que tiene el universo para ponerte en frente a la ansiedad.

Queremos ejercer control sobre todo, nuestro futuro, las personas que nos rodean, las situaciones que diariamente enfrentamos, y hasta aquellas que fuera de nuestras capacidades, ocurren en el mundo. Sobre la naturaleza misma, los desastres naturales y hasta sobre el final de nuestra existencia. Es esta, la única forma de permanecer “tranquilos” que hemos encontrado, aunque no creo que nos funcione muy bien.

Sin irnos a los extremos. El equilibrio entre: el control y la confianza que todo va a estar bien, me parece la relación más sana con nuestro presente. Comprender, en verdad, sentarnos a pensar: de esto que me está atormentando, ¿hay algo que pueda hacer para solucionarlo? Hacer lo que podemos, y contentarnos con ello. Porque estoy segura que si tanto nos preocupa, pondremos lo mejor de nosotros, con los recursos y las condiciones que tengamos en el momento, para resolver el problema.

No obstante,  podríamos practicar y aprender que la vida nos protege, o Dios, el universo. Confiar que si durante los “x” años que estamos en este mundo, hemos logrado llegar hasta aquí (y si estás leyendo esto quiere decir que estas vivo) entonces aprender a aceptar, que aunque hayan y seguro habrán problemas en tu día a día, estarás bien. No tienes que desvivirte por controlar todo, tal vez es momento de disfrutar poco a poco, sin ninguna otra necesidad más que de respirar. ¿Cuántos años más vas esperar que pasen para empezar a disfrutar el ahora? 

Propósito

Dejas de soñar, porque soñar las cosas fantásticas que solías imaginar de niña, se te hacen difíciles de concretar. Dejas de soñar porque te has dado cuenta  que no te llevará a ninguna parte. Sí en algún momento lo hiciste, ahí quedó. Porque ahora… mírate ¿Es acaso la vida que habías soñado?

Seguro que no, porque además el mundo está cada vez peor. Terrorismo, guerras, contaminación, desastres, enfermedades, cáncer, y la lista continuaría. Nada puedes hacer tú, para remediar eso. Y eso no te ayuda para lograr el mundo perfecto, ese el de tus sueños.

Pero, ¿Al menos lo intentaste? Me refiero, a que si al menos te permitiste visualizarlo. ¿Se lo comentaste a alguien? ¿Cuánto esfuerzo, le dedicaste? ¿Cuánto tiempo? Un minuto, una hora, un mes o un año. ¿Pediste ayuda para lograrlo? ¿De cuántas personas, que vivían la idea de tus sueños, te rodeaste?

Creo firmemente  que cada persona viene aquí con un propósito. Y te acercas más a él cuando de atreves a soñar, pero no solo visualizando lo que deseas, sino dedicándote a ello. Haciendo las cosas que te apasionan, dejando que se expresen en ti. Sin tener vergüenza del que dirán. Porque he podido comprobar, que cuando actúas conforme a lo que se mueve dentro de ti, las personas te ven y te tratan diferente. No necesitas cambiar, no necesitar poner brillo y escarcha a tu alrededor. Porque dentro de ti, siempre hubo, hay y habrá esa luz.

Necesitamos más personas que se atrevan iluminar este mundo, no te pido que encuentres la cura para el cáncer, sino que vivas una vida de amor, contigo mismo al seguir tu propósito, y seas luz para aquellos que te rodean. 

blogi

Tranquila

Durante el periodo de recuperación, en mi experiencia, logré identificar algunas de las razones por las que la ansiedad llegó a mi vida. Después de pensar ¿qué podría haber sucedido, si  llevaba una vida bastante tranquila? Era una persona que no le gustaban los problemas, porque simplemente no me gustan las discusiones, decir lo que me molesta ¿Para qué? Al rato me pasaba, y seguro me ahorraba debatir mis ideas con otra persona.

Tampoco me gustaban las emociones demasiado fuertes, dígase por ejemplo, la ira al punto de golpear a alguien o la tristeza que te lleva a llorar desgarradamente. Y no pienso que ahora eso sea totalmente justificado, a lo que me refiero es la manera como evitaba cualquier tipo de situación que pudiera desencadenar algo así.

Continuando con mi idea de vida perfecta. Estaba el disfrutar de mi soledad, encerrada en mi cuarto, sin relacionarme más que con las personas con las que hablar era absolutamente necesario, así no lastimaba a nadie y nadie me lastimaba a mí.

Bueno que más puedo decir, me consideraba como una chica tímida, callada, amable (muy amable), siempre tenía una sonrisa en la boca. Muy pocas personas me habían visto mal, y de seguro hubiera muerto de la vergüenza de saber que alguien me imaginaba fuera de control.

Sumado a eso, me esforzaba en el colegio, era una chica muy aplicada. No me gustaba beber en exceso, ni desvelarme por las noches. Así que, concluiremos que era una chica “tranquila”.

Tranquila. Casi así como un muerto en su ataúd. Si aún no entiendes mi punto, te lo pondré así. ¡NO ESTABA VIVIENDO! me esforzaba tanto por cuidar esa idea de chica tranquila, que mi vida llegaba a ser monótona y aburrida, el espacio donde me desenvolvía se estaba reduciendo cada vez más. Y llegó la ansiedad… ¡Bendita sea!

Gracias a ella puedo atreverme a decir lo que me molesta y  ahorrarme disgustos, sí, pero por conversar las cosas y solucionarlas, no por tragarme el coraje.

Me hizo más humana, ahora puedo llorar y enojarme, sabiendo que es una emoción de ese momento y de esa experiencia en específico, que es parte de la vida, y no siempre estaré triste, también estaré emocionada o explotando de risa.

En cuanto a las personas y el daño emocional que puedan hacerme, me mostró que cada persona es un mundo, y que siempre tendrán algo que me permitirá conocerme y crecer como ser humano. ¡Ah! Y que no soy tímida. Soy una chica que le gusta empezar una conversación de la nada y a veces no. Ni soy tan amable. Soy libre de elegir. Tengo días malos, y no tengo que fingir estar bien.

Pero sobretodo aprendí que habían personas a mi alrededor que me amaban, aún en mi momento más vulnerable. Como también muchas cosas que me ilusionaban y que me encantaría intentar hacer realidad, pero para eso debía atreverme a vivir.

¿Y tú, te atreves? 

 

Depresión

Escucho a menudo a personas referirse a la tristeza como depresión, reduciéndola a una emoción pasajera, cuando definitivamente no se siente de esa manera. La depresión es incómoda, pesada, como si no pudieras seguir  adelante, nada tiene sentido, ni vale la pena. Así la sentí yo, y digo sentí, porque la depresión no te quita capacidades, aunque tú sientas lo contrario, y no le quita importancia o valor a las cosas que valen la pena.

La depresión me ayudó a cambiar mi forma de pensar, a sentir que tengo el control de mi vida y hacerme responsable de ella, desmintiendo tantas condiciones para sentirme bien. Porque no necesitaba ser la mejor de la clase, para disfrutar de la escuela, ni necesitaba ser la más hermosa, para saber que me merecía amor, tampoco necesitaba de obtener grandes logros para saber que merecía gozar de mi día. Tuve que suavizar mi manera estricta de hablarme y tener más paciencia con mis capacidades. Antes, podía asegurar que el éxito de una persona era cuán ocupada y llena de trabajos por hacer estuviera su vida, sentada en algún alto cargo de alguna empresa, con el celular siempre pegado a la oreja,  y afirmando que no tenía tiempo para cosas secundarias que no fueran su trabajo. Ahora, para mí, el éxito de una persona está en la medida que es capaz de disfrutar de las actividades que realiza, siendo responsable de elegir a lo que quiere dedicar su tiempo.

Para mí, la depresión y la ansiedad son solo el camino hacía una relación de amor con uno mismo, porque si fueras la persona que más amas en el mundo, ¿A qué dedicarías tu tiempo?